CANTIGAS DE SANTA MARIA DE ALFONSO X EL SABIO

CANTIGA 144
Un hombre devoto de la Virgen que fue salvado por ella de morir corneado por un toro.

El rey Alfonso X El Sabio se declara trovador de la Virgen.


DETALLE




CANTIGA 2
San Ildefonso escribe defendiendo la virginidad de Santa María





CANTIGA 8
Un juglar le pide una de sus velas a la Virgen y ella se lo concede.






CANTIGA 10
El rey llama a Santa María "Rosa de las rosas"






CANTIGA 23
La Virgen convirtió el agua en vino.






CANTIGA 42
Un mozo por amor a la Virgen, se hizo ermitaño.






CANTIGA 63
Milagro de Nuestra Señora. Un caballero oye misa y al tiempo combate victorioso en la batalla.






CANTIGA 94
La Virgen sustituye a una monja toda su vida.






CANTIGA 107
Una fiel pide ayuda a la Virgen y se termina bautizando.






CANTIGA 108
El sabio Merlín consigue muchas conversiones defendiendo la santidad de la Virgen y que es madre de Dios.






CANTIGA 133
Una niña ahogada es resucitada por la Virgen.






CANTIGA142
Un hombre del séquito del rey Alfonso X es salvado por la Virgen de morir ahogado.






CANTIGA 165
La Virgen envía soldados a una ciudad siria que iba a ser atacada por musulmanes.






CANTIGA 169
La Virgen defiende ella sola su iglesia.






CANTIGA 172
Un mercader pidió ayuda a la Virgen para no naufragar.






CANTIGA 187
Unos monjes en Jerusalén pasaban hambre, rogaron a la Virgen y les envió trigo. En una segunda ocasión pasaron dificultades y volvieron a rogar a la Virgen, que en esta ocasión les envió oro.

Observación de C. Rios la originalidad de que los hórreos tienen arcos de herradura.

 

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8 DE SEPTIEMBRE ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE QUEVEDO

Tal día como hoy, 8 de septiembre, pero de 1645 fallecía don Francisco de Quevedo y Villegas. Fantástico espadachín, enorme escritor y sobre todo un espíritu noble y libre.


 SALMO XVII

                        Miré los muros de la patria mía[1],
                             si un tiempo fuertes ya desmoronados
                      de la carrera de la edad cansados
                    por quien caduca ya su valentía.
                                              
                           Salime al campo: vi que el sol bebía
                     los arroyos del hielo desatados,
                         y del monte quejosos los ganados
                           que con sombras hurtó su luz al día.

                            Entré en mi casa: vi que amancillada
                          de anciana habitación era despojos, 
                          mi báculo más corvo y menos fuerte.


                          Vencida de la edad sentí mi espada,
                              y no hallé cosa en que poner los ojos
                        que no fuese recuerdo de la muerte.



La siguiente información está copiada del blog  LIBROS Y TAL


Introducción

El Salmo XVII pertenece a Fco de Quevedo y fue publicado, póstumamente, en El parnaso español (1648). Se trata de un soneto de temática metafísica. Lejos queda el autor del conceptismo más ingenioso, aquí nos encontramos con el poeta del desencanto o, sencillamente, el poeta del pesimismo Barroco.

Tema

El poema se centra en la amplia idea del paso del tiempo. Está vinculado al tópico latino del Tempus fugit. Los antecedentes nos podrían conducir hasta las Epístolas Morales de Séneca.


Estructura externa

Estamos ante un soneto, cuya estructura formal es la habitual: versos endecasílabos con rima consonante, con cuartetos con estructura ABBA, ABBA y tercetos, en esta ocasión, CDE, CDE.

Estructura interna

El poema se puede dividir en dos partes. Los dos cuartetos nos hablan de los efectos del paso del tiempo sobre el mundo exterior: en la primera estrofa, el deterioro de la ciudad, y en la segunda, de la naturaleza; en los tercetos: la transición desde lo exterior a lo interior, es decir, el paso intermedio, la casa, y, en el segundo terceto, la mirada interior del poeta sobre sí mismo.




Análisis

En el primer verso leemos la expresión «patria mía». El término «patria» es susceptible de diferentes significados. Podría referirse a España, como tantas veces se ha dicho, incluso al deterioro del cuerpo del poeta, etc. Según José Manuel Blecua, se refiere a Madrid, justo al momento en el que son derribados los muros de la ciudad, con lo cual, podríamos aceptar el valor literal que nos ofrece el poeta. Es habitual encontrar en las composiciones de Quevedo, que en un mismo verso, los valores temporales entre el pasado, el presente y el futuro se unifican. En el segundo verso, algo de ello se puede apreciar en la antítesis, «si un tiempo fuertes ya desmoronados». Los elementos contrarios de la antítesis, «fuertes» y «desmoronados», nos hablan de lo efímero y de lo relativo del tiempo. La idea de velocidad y de efímero se refuerza en la palabra «carrera» (v. 3), y después, a través del adjetivo «cansados» y del sustantivo «valentía», se personifica a «muros», con lo cual, lo material se convierte en sensitivo, que es la forma que tiene el poeta de aproximarlo a la naturaleza del lector.
               El autor continúa con el recurso de la personificación, ahora se señalará al sol: «vi que el sol bebía». Parece que lo no humano, en las palabras del poeta, adquiere vida. Si el sol bebe, los ganados se lamentan, también encontramos que el monte roba: «y del monte quejosos los ganados» / que con sombras hurtó su luz al día». Todo está vivo, todo está palpitando, por consiguiente, todo es susceptible de ir muriendo: el hielo se deshace y el sol muere más allá del monte.
               El segundo cuarteto se aproximaría a una determinada estética barroca. Aquí el estilo no es el del conceptismo, sino que parece ir de la mano de cierto culteranismo. Observemos el circunloquio del verso 6. Por querer decir agua, leemos: «los arroyos del hielo desatados». Y no es menos culterano, con hipérbaton abrupto incorporado, el estilo de los dos versos siguientes: 

               
               «y del monte quejosos los ganados
               que con sombras hurtó su luz al día»

               
               El autor sigue en el exterior y observa y asimila el ciclo de la naturaleza, desde su sentir barroco, para transformarlo en pesimismo. Todo es cambiante hacia la muerte, incluso la luz del día o el hielo, pues estos, desde los ojos del Barroco, también tienen su forma de morir. Por consiguiente, la segunda estrofa reafirma lo ya anotado para la primera.
                                              
               Decíamos que el recorrido que realiza el poeta en su experiencia temporal se iniciaba en el exterior y se recogía en el interior. El primer terceto nos muestra una transición, el punto intermedio entre él y lo exterior lo encontramos cuando nos habla el poeta de su casa. En este terceto vuelve a ser imprescindible la personificación, «anciana habitación», pues Quevedo sigue en su intención de dotar de vida a todo aquello que captan sus ojos, como ya hemos dicho, todo lo que denote vida será susceptible de morir, a la vez que ampliará el escenario que pretende mostrarnos a los lectores.
               Al hablar sobre sí mismo, Fco de Quevedo nos enseña que el deterioro exterior también tiene su reflejo en sí mismo. Observamos una consonancia de elementos que apuntan hacia el mismo final, el definitivo.



    Si el primer terceto era la transición hacia las zonas interiores del poeta, en el segundo debemos confirmar que ya todo lo citado apunta hacia él. De nuevo la personificación estará presente. Don Francisco le otorga a la palabra «espada» la posibilidad que encierra el adjetivo, «Vencida», de esta manera se refuerza la intención de todo el poema. De tal manera se vale, asimismo, de la sinécdoque cuando utiliza el susodicho término «espada». En algunas ocasiones se ha aludido a la virilidad para explicar la presencia de la palabra, de cualquier modo, diríamos que no solo se refiere a la virilidad, sino a un todo dentro del campo semántico opuesto a la muerte. 
               El poema aumenta su intensidad. Lo que aparecía diseminado a lo largo de la composición, ahora se ha multiplicado y rodea por completo al poeta. Pensamiento que se recoge en los dos últimos versos:
                                               

               «y no hallé cosa en que poner los ojos
               que no fuese recuerdo de la muerte»



               La palabra muerte, hasta el momento, había sido evitada por el autor. En su lugar aparecían otras expresiones que sin ser muerte total, nos conducían hacia ella; como: «desmoronados», «cansados», «caduca ya su valentía», «despojos» o «mi báculo más corvo y menos fuerte». La intención no había sido otra que reservarla para que fuese la palabra que cerrase el poema. 
  
Conclusión

El soneto conocido como Salmo XVII pertenece al grupo de poemas metafísicos que compuso D. Francisco de Quevedo. El estilo que observamos se acerca más al culteranismo que al conceptismo, a pesar de que sea este autor uno de los más reconocidos poetas conceptistas. Todos los recursos que se emplean pretenden conducirnos hacia un final rotundo que se expresa fundamentalmente en el término «muerte», que es el que cierra la composición. Es habitual que, en los poemas metafísicos de Quevedo, el autor nos conduzca hacia el mismo final, pero aunque la muerte aparezca con un valor universal, se deduce que la angustia se crea, fundamentalmente, porque es una muerte próxima, casi visual, incluso para el lector. Por ello, podemos afirmar que el poema sigue una estructura ascendente, ya que es en  los últimos versos donde se alcanza el punto de máxima tensión, es decir, el clímax.

Información copiada del blog LIBROS Y TAL

JOHN KEATS

Para este lunes cultural un poema deJohn Keats (Londres, 31 de octubre de 1795 – Roma, 23 de febrero de 1821). Su lírica caracterizada por un lenguaje exuberante e imaginativo y atemperado por la melancolía la convirtió en uno de los poetas principales del romanticismo británico. 

Sobre el mar
No cesan sus eternos murmullos,
rodeandolas desoladas playas,
Y el brío de sus olas
diez mil cavernas llena dos veces,
y el hechizode liécate les deja su antiguo son oscuro.
Pero a menudo tiene tan dulce continente,
que apenas se moviera la concha más menuda
durante muchos días, de donde cayó
Cuandolos vientos celestiales pasaron, sin cadenas.
Los que tenéis los ojos dolientes o cansados,
brindadles esa anchura del Janar, como una fiesta;
y los ensordecidos por clamoreo rudo
o los que estáis ahítos de notas fatigosas,
sentaos junto a una antigua caverna, meditando,
hasta sobresaltaros, como al cantar las ninfas.




(Londres, 1795 - Roma, 1821) Poeta británico. La muerte de su padre y su humilde procedencia le llevaron a trabajar como practicante en casa de un cirujano, para ingresar más tarde como estudiante externo en el Guy's Hospital de Londres (1815). Su afición a la lectura le descubrió el mundo de la poesía, en la que se inició bajo la influencia de Edmund Spenser. En casa de su amigo Leigh Hunt, crítico y poeta, conoció a Percy Shelley, con quien trabó amistad.

Poema publicado en ELOSOBLINDADO

Publicó su primer volumen de poemas en 1817 y, a pesar de su escaso éxito, decidió abandonar la cirugía para dedicarse sólo a la literatura. Al año siguiente apareció Endimión (1818), que fue mal recibida por la crítica. A su regreso a Londres, tras una temporada en la zona de los lagos y el oeste de Escocia, asistió a la muerte de su hermano, aquejado de tuberculosis, lo que le afectó profundamente. 
El propio Keats sufría la misma enfermedad; tras mudarse a casa de su amigo Charles Armitage Brown, en Hampstead, se enamoró de la hija de un vecino, Fanny Brawne, quien le inspiró la mayoría de sus poemas, recogidos en el volumen Lamia, Isabella, La víspera de Santa Inés y otros poemas (1820), que incluía sus mejores poemas: el inacabado Hiperión, sobre la mitología griega, y sobre todo su célebre serie de odas (Oda a un ruiseñorOda a una urna griega). 
Su estado de salud se deterioró, por lo cual decidió embarcar con su amigo Severn hacia Nápoles, en lo que parecía la última posibilidad del poeta para sanar, aunque murió unos meses más tarde. Pese a tratarse del vate más joven de los grandes románticos británicos, es uno de los líricos más importantes en lengua inglesa. En 1848 aparecieron sus cartas y su diario, que completan una obra de excepcional pureza expresiva y admirable dominio poético en su aspiración por alcanzar la belleza absoluta.

Datos copiados de BIOGRAFIASYVIDAS